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Conoce las diferencias entre el examen de intolerancia y el de alergia a los alimentos

Publicado el 18 de Marzo 2024
Por medio de la alimentación, los organismos ingieren y asimilan los nutrientes necesarios para las funciones vitales, como el crecimiento y la reproducción. Además, la alimentación permite mantener la temperatura corporal, pues el sistema digestivo genera enzimas que descomponen los alimentos calóricos. Debido al ritmo intenso del día a día, cada vez se prefiere más alimentarse de manera rápida y práctica. Por eso, la alimentación de muchas personas depende en gran medida de la ingesta de productos industrializados, envasados, semipreparados, y con altas cantidades de aditivos, sal, grasa y azúcar. Además de tener grandes cantidades de antígenos alimentarios, dichos aditivos, y contaminantes químicos o bacteriológicos son el factor de diferentes reacciones adversas a los alimentos. Todavía no se conocen las circunstancias reales de tales reacciones, que son conocidas como “reacción adversa a los alimentos”, “alergia alimentaria”, “hipersensibilidad a los alimentos” e “intolerancia alimentaria”(Ferro Bricks, 1994).

¿En qué consiste la intolerancia alimentaria?

Existen diferentes definiciones de la intolerancia alimentaria. Entre ellas, se encuentran las siguientes:
  • Reacción adversa de cualquier tipo a los alimentos de carácter no inmunológico
  • Incapacidad de digerir carbohidratos por completo, principalmente, los disacáridos; entre ellos, la lactosa es la sustancia más resaltante
  • Reacción de hipersensibilidad del tipo III (reacción inmune tardía mediada por IgG)
  • Respuesta del organismo a la ingesta de ciertos alimentos, que son difícilmente digeridos o metabolizados, o de los que el cuerpo es incapaz de absorber algunos nutrientes
La intolerancia alimentaria conlleva a un malestar extremo, que se manifiesta por medio de diferentes síntomas (Ferro Bricks, 1994; Dreborg, 2015). Se explica por la falta de enzimas necesarias para digerir y absorber adecuadamente determinado alimento. Esto lleva a la activación del sistema inmunológico, que reacciona en contra del producto. Se estima que la prevalencia de la intolerancia alimentaria afecta entre 5% y 20% de la población. Sin embargo, por la data insuficiente o el subdiagnóstico, todavía no hay datos exactos sobre la prevalencia (Priedite et al., 2014). La mayoría de las reacciones adversas a los alimentos se deben a la contaminación, factores no inmunológicos, o reacciones farmacológicas, tóxicas, metabólicas o neuropsicológicas. Muchas veces, las reacciones no son tratadas como alergias alimentarias, sino como intolerancia (Ferguson, 1992; Burks & Sampson, 1992; Walker, 1992). Hay muchas razones por las que la funcionalidad del sistema inmune o la permeabilidad intestinal se pueden ver alteradas. Entre ellas, se encuentran el estrés, las infecciones, o la ingesta desmedida de antibióticos o antiinflamatorios. Así, aumenta la posibilidad de manifestar reacciones de intolerancia alimentaria. Se cree que el aumento de la permeabilidad del intestino puede provocar la intolerancia mediada por las IgG. Este proceso posibilita que los insumos alimentarios ingresen a la circulación y activen la producción de IgG específica para proteínas de alimentos (Beyer & Teuber, 2005). El aumento en la producción de IgG específica para alimentos se vincula a una menor producción de anticuerpos de citocinas antiinflamatorias, como la IL-10 y la TGFb1, que se asocian al síndrome de intestino irritable (Sentsova et al., 2014). Este caso de intolerancia se vincula a diferentes síntomas no específicos, como erupciones cutáneas; urticarias; asma; calambres abdominales; diarrea; y manifestaciones neurológicas, como jaquecas (Collard, 2010; Guo et al., 2012; Kumar et al., 2013; Gaur & Kumar, 2013). Las intolerancias alimentarias pueden manifestarse ante la ingesta de diversos alimentos, aunque los casos más frecuentes son los de intolerancia al gluten e intolerancia a la lactosa.

Comprendiendo la intolerancia al gluten

El gluten es una mezcla de proteínas prolaminas, es decir, proteínas de almacenamiento vegetales con cantidad elevada de prolina, que se encuentran en las semillas de algunos cereales. Dichas proteínas se encuentran, sobre todo, en el trigo, la cebada, el centeno y la avena. Las proteínas del gluten son muy resistentes a la descomposición (hidrólisis), proceso que es mediado por enzimas del tracto gastrointestinal. En ese sentido, la intolerancia al gluten se debe a la incapacidad del intestino delgado para digerir dichas proteínas (Balakireva & Zamyatnin, 2016). De esta manera, el intestino se inflama, lo que conlleva a padecer dolor y otros trastornos digestivos. En la actualidad, hay muchas maneras de prevenir los síntomas. Las más frecuentes consisten en llevar una dieta sin gluten, que es eficaz; y la terapia enzimática. También se encuentran los programas de prevención que implican sustituir el consumo de harina de trigo por productos con harina de garbanzo o harina de maíz. Otras medidas de prevención consisten en verificar que en las etiquetas de los productos aparezca la indicación “sin gluten” y revisar la composición de cualquier producto adquirido para asegurarse de que no contenga rastros de gluten.

Comprendiendo la intolerancia a la lactosa

La lactosa es el azúcar que se encuentra en la leche. Dicha sustancia es descompuesta (hidrólisis) en el intestino por la enzima lactasa en dos partes menores: la galactosa y la glucosa. Posteriormente, esas moléculas se convierten en energía para el organismo. Cuando la capacidad de hidrólisis disminuye (es decir, cuando disminuye la actividad de la enzima lactasa en la mucosa del intestino delgado), la lactosa no puede ser metabolizada por el sistema digestivo. Así, se produce la intolerancia a la lactosa (Sahi, 1994). En la dieta, la leche y sus productos derivados son los únicos alimentos con lactosa. Al consumir productos lácteos, se debe digerir la lactosa para que sea utilizada por las células intestinales. De no darse este proceso de hidrólisis o digestión, la ingesta de productos con lactosa genera un cuadro clínico en el que aparecen síntomas como dolor abdominal, náuseas, flatulencias y diarrea. La intensidad de los síntomas depende de la cantidad de lactosa ingerida; además, se eleva con el paso de los años. Entonces, se puede determinar que existe intolerancia a la lactosa cuando aparecen las alteraciones mencionadas debido al desequilibrio entre la cantidad de la enzima lactasa presente en la mucosa intestinal y la cantidad de lactosa ingerida que llega al tracto digestivo (el exceso de lactosa no digerida permanece en el lumen de la mucosa intestinal) (Rosado, 2016). Para prevenir la aparición de los síntomas, se sugiere evitar temporalmente el consumo de leche y productos lácteos, y otros alimentos con elevadas cantidades de lactosa. En cambio, se recomienda ingerir bebidas vegetales de arroz, soja o avena, que son un sustituto adecuado de la leche. En la leche y el helado se encuentran las concentraciones más altas de lactosa; en cambio, el queso suele tener niveles menores. Siempre hay que leer la composición de los productos alimenticios. A veces, esto no es sencillo por la presencia de lactosa no identificada en la composición de los alimentos (Matthews et al., 2005). Paradójicamente, no se debe excluir por completo el consumo de lactosa, pues esto puede perjudicar la nutrición de calcio, fósforo y vitaminas; además, la falta de ingesta de lactosa puede vincularse a la disminución de la densidad mineral ósea y, por lo tanto, a fracturas (Di Stefano et al., 2002). La mayoría de los que son intolerantes a la lactosa puede ingerir 12 gramos de lactosa al día (que equivalen a un vaso de leche) sin manifestar síntomas adversos (Vonk et al., 2003). Además, al consumir productos lácteos sin lactosa, se garantiza la ingesta de calcio.

¿Qué examen debo realizar para determinar si soy intolerante a algún alimento?

Por lo general, el diagnóstico de intolerancia alimentaria no es directo, por lo que supone comprender la presentación de manifestaciones clínicas, así como la gravedad y el momento en que comienzan los síntomas. Es difícil detectar las intolerancias alimentarias, pues su sintomatología no es específica, no pueden ser detectadas por medio de pruebas dérmicas y no presentan una respuesta de causa-efecto inmediata. Además, existen diversos mecanismos de intolerancia alimentaria, que pueden ser farmacológicos, de deficiencias enzimáticas (por ejemplo, en la absorción de lactosa) y del funcionamiento gastrointestinal no específico. Gracias a los avances de la ciencia y los exámenes de innovación, con el examen A200, es posible analizar los principales alimentos que provocan reacciones adversas. Entonces, se puede identificar el perfil de intolerancia alimentaria con esos exámenes, que asocian los alimentos centrales vinculados a la reacción determinada. De esa manera, se puede ofrecer una orientación mejor sobre la conducta clínica y, por lo tanto, sobre el tratamiento del paciente.

¿Qué síntomas se vinculan a la intolerancia alimentaria?

Generalmente, las intolerancias alimentarias se vinculan a síntomas posteriores a la ingesta recurrente de un alimento determinado. A continuación, se presentan algunos síntomas recurrentes de la intolerancia alimentaria:
  • diarrea
  • constipación
  • dolor de estómago
  • sensación de barriga hinchada
  • reflujo gástrico
  • gases
  • intestino irritable
  • dolores musculares y articulares
  • fatiga
  • dolores de cabeza
  • infecciones en la piel
Al evitar el consumo de los alimentos que provocan la intolerancia, mejora significativamente la sintomatología (Arroyave et al., 2007; Wilders et al., 2008; Guo et al., 2012; Kumar et al., 2013).

¿En qué consiste la alergia alimentaria?

Se trata de la reacción inmunológica inmediata ante el consumo de un alimento específico, incluso en cantidades pequeñas. El factor principal de dicha reacción es la producción de anticuerpos de inmunoglobulina E (IgE), que es conocida como “reacción de hipersensibilidad tipo I”. La alergia alimentaria se produce cuando el sistema inmunológico responde de manera desproporcionada a sustancias que, por lo general, son inofensivas; estas se conocen como “alérgenos” o “desencadenantes”. La intolerancia alimentaria es común, como en los casos de la intolerancia a la lactosa y al gluten. En contraste, los casos de alergia alimentaria son menos frecuentes. Se estima que alrededor de 6% a 8% de los niños menores de tres años sufren de alergia alimentaria. Además, en el caso de pacientes con otras enfermedades alérgicas, la incidencia de alergia alimentaria es mayor, ya que se puede encontrar en el 38% de los niños con dermatitis atópica, y en el 5% de los niños y 3% de los adultos con asma. Entre los factores de la alergia alimentaria, se encuentra la predisposición genética, ya que los genes pueden vincularse a la patogénesis de la alergia alimentaria. Las investigaciones señalan que entre 50% y 70% de los pacientes con alergia alimentaria tienen una historia familiar de alergia. Se estima que la probabilidad de tener hijos alérgicos es de 75% cuando al menos uno de los padres presenta alergia alimentaria.

¿Qué tipos de alergias alimentarias existen?

  •  Alergias alimentarias no mediadas por IgE: afectan especialmente el tracto respiratorio. Se considera que las células T específicas de alérgenos se vinculan a la etiología de síndromes (inducidos por proteínas alimentarias), como la enterocolitis, la proctocolitis y la enteropatía. Estas patologías afectan, sobre todo, a bebés y niños alérgicos a la leche de vaca. Por lo general, finalizan entre el primero año y los cinco años de edad. Sin embargo, su prevalencia es incierta por la falta de pruebas de diagnóstico.
  • Alergia alimentaria mediada por IgE: se trata de una alergia alimentaria producida por una vía mixta, es decir, a través de vías dependientes e independientes de IgE. Conlleva a manifestaciones atópicas que provienen de factores independientes de IgE (como dermatitis atópicas), que se relacionan a la alergia alimentaria tardía. Los síntomas se manifiestan de 6 a 48 horas después del consumo del alimento. Esta alergia es producida por la acción de las células T helper 2 (TH2) y trastornos gastrointestinales eosinofílicos, procesos que son consecuencia de la infiltración de eosinófilos en los tejidos.
Los síntomas de la alergia alimentaria pueden aparecer inmediatamente después del consumo del alimento específico. Además, pueden perjudicar distintos sistemas del organismo, como la piel, el tracto gastrointestinal, y el sistema cardiovascular y el respiratorio. Entre los síntomas, se encuentran dolor abdominal, náuseas y vómitos, ronquera, urticaria, erupciones cutáneas, picazón, hinchazón de boca, labios, ojos, lengua y garganta, dificultad para tragar, nariz congestionada, y falta de aire. También pueden aparecer síntomas más graves, como anafilaxia y colapso cardiovascular. Entre los síntomas más comunes de alergias alimentarias mediadas por IgE, se encuentran prurito, urticaria, angioedema, dolor abdominal, vómitos, sibilancias e hipotensión. En cambio, los casos de alergia alimentaria mixta son diferentes. Por ejemplo, los casos vinculados a dermatitis atópica suponen un agravamiento del cuadro de dermatitis. Por otro lado, en los casos de alergia de esofagitis eosinofílica puede haber vómitos, alteraciones de crecimiento, disfagia y acidez. En los casos de otros desórdenes gastrointestinales eosinofílicos, los síntomas varían dependiendo de la región y la afección gastrointestinal. En los casos de alergias alimentarias no mediadas por IgE, puede haber síntomas como vómitos graves, cuando hay exposición intermitente; diarrea y dificultad de mejoría, cuando la exposición es crónica; y sangrado rectal y esteatorrea por mala absorción.

¿De qué manera se diagnostica una alergia alimentaria?

El diagnóstico de alergia alimentaria se realiza por medio del análisis de los síntomas, considerando la información del paciente y las señales que se presenten. Por lo general, se toman algunos exámenes para realizar el diagnóstico final:
  • Pruebas cutáneas: en caso de llevarse a cabo de forma aislada, no corroboran el diagnóstico de alergia alimentaria. Sirven para dar cuenta de la presencia de anticuerpos IgE específicos frente a alimentos concretos por medio de la demostración de la sensibilización. Este examen se utiliza de manera frecuente en pacientes con alergia a la leche mediada por IgE. Alrededor de un tercio de los pacientes con dermatitis atópica manifiestan también alergia a la leche de vaca y cerca del 50% de los lactantes alérgicos a la leche tienen dermatitis atópica. Si bien la prueba puede arrojar falsos positivos (hasta 24%), no es frecuente tener resultados de falso negativo en niños con dermatitis atópica.
  • Dosificación de IgE específico: consiste en realizar una dosificación de anticuerpos IgE específicos en el caso de alimentos sospechosos. Por medio del examen, se determina la presencia/ausencia de IgE en el caso de alimentos específicos. La prueba no señala necesariamente que el consumo conlleva a reacciones clínicas. Sin embargo, arroja resultados negativos muy valiosos, pues, por su alto nivel de sensibilidad, se necesita alrededor del 95% para descartar reacciones mediadas por IgE. Aun así, solo en el 50% de las veces, el resultado positivo se vincula a reacciones clínicas verdaderas.
  • RAST (radioallergosorbent test) y ensayos semicuantitativos in vitro: permiten conocer indicios de alergia alimentar mediada por IgE. La metodología por inmunoenzima fluorescente (CAP-system) es la más adecuada en los casos de alergia alimentaria sintomática. El resultado del análisis de los niveles cuantitativos de IgE específicos incrementó de manera considerable el valor predictivo positivo y descartó la necesidad de llevar a cabo exámenes de provocación oral en alrededor de 50% de los casos.
  • Dieta de exclusión: se realiza sobre la base del análisis del historial médico y el examen físico sugestivo de alergia alimentaria. Se elimina el alimento sospechoso de la dieta después de identificarlo. Entre 2 y 6 semanas después de eliminar el alimento, se observa si los síntomas desaparecen o no. Sin embargo, la respuesta clínica favorable a la dieta de eliminación no es muy confiable, pues la reacción positiva podría ser una coincidencia. También se lleva a cabo en los casos de alergia alimentaria no mediada por IgE.
  • Pruebas de provocación oral: se realizan cuando las señales y los síntomas desaparecen tras la dieta de exclusión. En esos casos, se recomienda hacer una prueba de provocación oral para corroborar el diagnóstico del alimento sospechoso. El examen implica la administración del alimento sospechoso al paciente. Si reaparecen los síntomas, se considera que el resultado es positivo. La prueba se realiza para la comprobación diagnóstica o para verificar si el paciente adquirió tolerancia al alimento. Se contraindica en caso de historial de reacción anafilática grave. Al llevar a cabo la prueba, se requiere de acompañamiento médico especializado. También se realiza en los casos de alergia alimentaria no mediada por IgE.
  • Biópsia esofágica/gastrointestinal: se realiza en los casos de sospecha de alergia alimentaria mixta, vinculada a trastornos gastrointestinales eosinofílicos generados por la infiltración de eosinófilos en los tejidos. Se lleva a cabo después de un período de 2 a 3 meses de inhibidores de la bomba de proteínas para eliminar el reflujo gastroesofágico como factor posible.
  • Biopsia de yeyuno: se realiza en los casos de síndrome de enterocolitis inducida por proteínas alimentarias. Detecta atrofia de las vellosidades e hiperplasia de la cripta.

¿De qué manera se trata la alergia alimentaria?

Todavía no existe un tratamiento definitivo para la alergia alimentaria. Como medidas de cuidado, se recomienda eliminar los alérgenos y tratar las reacciones sistémicas con adrenalina. Esta sustancia revierte, en minutos, edemas, urticaria, broncoespasmos, hipotensión y síntomas gastrointestinales. Además, tiene mayor nivel de eficacia en tratamientos precoces (después de 6 minutos de exposición). De hecho, la respuesta precoz es el factor central para prevenir la muerte por anafilaxia. Se estima que entre 1% y 20% de las personas con alergia alimentaria pueden manifestar una reacción bifásica, que consiste en la recurrencia de los síntomas pocas horas después del tratamiento inicial con adrenalina. Asimismo, se considera que una primera dosis tardía o insuficiente de adrenalina puede incrementar la posibilidad de una reacción bifásica. Otros medicamentos, como los antihistamínicos o bloqueadores específicos de receptores H1, se usan para tratar síntomas localizados de alergia alimentaria. Por su parte, los síntomas gastrointestinales pueden ser tratados con bloqueadores de los receptores H2. No obstante, los medicamentos disponibles no tratan la causa de las alergias alimentarias, sino los síntomas. Para realizar la inmunoterapia desensibilizante, se administra un extracto alergeno de manera sublingual, oral o dérmica. Este tipo de terapia es un importante avance en el tratamiento de la alergia alimentaria. Al inicio, las dosis diarias del alérgeno se prescriben en el rango de miligramos; progresivamente, van aumentando en un período de días o semanas. Un estudio multicéntrico, aleatorizado y de doble ciego examinó la inmunoterapia desensibilizante sublingual en 40 pacientes con alergia al maní. Llegó a determinar una respuesta definida para tolerar una dosis de 5 gramos de polvo de maní a partir del incremento en 10 veces de la dosis inicial. Después de 44 semanas, en el 70% de los 20 pacientes en tratamiento, incrementó la dosificación tolerada de 3,5 mg a 496 mg, cantidad que equivale a dos maníes aproximadamente. La inmunoterapia oral es un tratamiento promisorio que implica que la mayoría de los niños con alergia alimentaria puedan ser desensibilizados a cantidades considerables de alimentos alergénicos. Ya que en la inmunoterapia oral se administran dosis superiores de alérgenos frente a otros tratamientos, se puede llegar a la desensibilización para prevenir reacciones mortales por exposición accidental y para poder ingerir ciertas cantidades de los alimentos alergénicos. La comprensión del mecanismo de los procesos moleculares implicados en la sensibilización de los individuos ha conllevado a desarrollar anticuerpos monoclonales como agentes terapéuticos para ayudar en el bloqueo de la sensibilización. Por los resultados prometedores, se considera que la inmunoterapia oral junto con anticuerpos monoclonales puede permitir que el sistema inmunológico quede desensibilizado a alérgenos alimentarios de manera más rápida y segura que solo con la inmunoterapia oral. Aun así, se están llevando a cabo ensayos clínicos adicionales para corroborar la seguridad y eficacia de los anticuerpos monoclonales, para optimizar las dosis de mantenimiento, y para examinar la sustentabilidad de la desensibilización o el establecimiento de tolerancia. Si sospechas que tienes intolerancia alimentaria o alergia alimentaria, acude a un médico especializado para que realice una evaluación clínica correcta. De esta manera, se podrá administrar el tratamiento adecuado.

¿En qué se diferencia la alergia de la intolerancia alimentaria?

La alergia alimentaria es una hipersensibilidad que se desarrolla a algunos alimentos, que es mediada por las inmunoglobulinas de clase E, más conocidas como “IgE”. Las IgE provocan reacciones inmediatas conocidas como “reacciones de hipersensibilidad tipo I”, con involucramiento posible de mucosa, piel, vías aéreas, tracto intestinal y sistema vascular. La alergia alimentaria primaria se basa en la sensibilización (precoz) de IgE contra proteínas de animales como, por ejemplo, la leche de vaca o los huevos de gallina; o proteínas vegetales como, por ejemplo, maní, avellana o trigo. En el caso de alergias alimentarias secundarias, la IgE contra proteínas del polen (por ejemplo, el abedul) reacciona a proteínas alimentarias relacionadas a nivel estructural (por ejemplo, con reacciones cruzadas a frutos con carozo). La alergia alimentaria se manifiesta cuando el organismo busca defenderse contra la entrada de ciertos alimentos, incluso en el caso de consumo de pequeñas cantidades. Después de identificarlos como cuerpos extraños, el organismo produce anticuerpos para su defensa. Por lo general, las alergias alimentarias se manifiestan cuando el paciente es todavía bastante joven. No obstante, las intolerancias pueden manifestarse en cualquier momento a medida que el paciente envejece, con mayor frecuencia, a partir de la dificultad de digestión de un determinado alimento.

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